La atención del alumno diabético sufre un vacío legal

Cada año, cien nuevos niños menores de doce años son diagnosticados de diabetes en Catalunya. En toda España hay registrados unos 30.000 alumnos con esta enfermedad crónica, así que la presencia de la diabetes en la escuela es algo más frecuente de lo que se cree. Y sin embargo, la atención de estos niños está sujeta en demasiadas ocasiones a la buena voluntad de los profesores. Existe un protocolo de actuación que aprobaron hace más de un año las conselleries de Salut y Ensenyament, pero las asociaciones de enfermos y médicos señalan que aún quedan “vacíos legales” que dificultan la escolarización de los diabéticos.

El caso de Ester, la niña de 22 meses de Girona con problemas para encontrar escola bressol, ha vuelto a hacer saltar las alarmas sobre una situación sin resolver. ¿Quién debe encargarse de supervisar a un niño diabético cuando es muy pequeño? ¿Quién debe hacerle las glucemias y administrarle la insulina?

“Algunas escuelas están muy implicadas, vienen al hospital para formarse y atienden a los alumnos de forma adecuada, junto con los padres; otras, sin embargo, no tienen tanto interés y es aquí cuando surgen los problemas”, señala Roque Cardona, endocrino pediátrico del hospital Sant Joan de Déu. Aún así, todos los implicados reconocen que desde que se publicó el protocolo la situación ha mejorado. Este documento establece la responsabilidad de la Generalitat, la escuela y los padres en la atención de los alumnos diabéticos. Ningún centro escolar puede discriminar a un niño por el hecho de padecer esta enfermedad crónica, dice. Tampoco pueden vetar su participación en excursiones ni colonias y los padres han de colaborar en todo momento con los docentes. “El niño diabético tiene que llevar la misma vida que cualquier otro y puede participar en todas las actividades de la escuela siguiendo unas precauciones”, indica Cardona. En el caso de la medicación, los maestros no están obligados a administrar la insulina, lo hacen voluntariamente. Si ningún profesor se presenta voluntario, el protocolo indica que un monitor del comedor ha de hacerse cargo. Pero este protocolo sólo es válido para alumnos a partir de tres años. En el caso de los niños que van a la guardería no existen recomendaciones claras. En este sentido, Conxa Castell, jefa del servicio de educación sanitaria del Departament de Salut, señala que los bebés diabéticos también tienen derecho a acudir a una guardería.

Pero este protocolo es sólo eso, una recomendación, no una ley. Desde las asociaciones de diabéticos explican que hay padres que tienen que ir cada día a la escuela para controlar las glucemias de los niños. Algunos incluso se han visto obligados a dejar su trabajo porque en la escuela nadie quiere tomar esa responsabilidad. Tampoco es extraño que el centro no permita al niño ir de excursión. Pero si se quiere, no tienen por qué existir problemas. Es lo que sucede, por ejemplo, en la escuela infantil Avantis, del centro Pineda de l’Hospitalet de Llobregat. Desde hace tres años escolarizan a una niña diabética, Silvia Rodríguez, sin que esto haya supuesto una dificultad ni para la familia ni para los profesores. Silvia tiene cinco años y su profesora, Anna Giró, le controla la glucemia y le pone la insulina cada día. “Es una atención más que la alumna requiere, no un inconveniente”. Esta docente, como otras, han hecho cursos para cuidar mejor de Silvia, está en contacto constante con la familia y sigue las pautas que su médico de Sant Joan de Déu le da sobre medicación y comidas. Además, Silvia participa en todas las actividades de la escuela. “Hemos sido muy afortunados con el colegio, todo han sido facilidades”, explica su madre, Ana Iglesias.

Según una encuesta de la Fundación para la Diabetes, el 12% de los niños con diabetes de entre 6 y 16 años reconocen haber tenido algún tipo de problema escolar a consecuencia de su enfermedad. Entre esos problemas, destaca la imposibilidad de asistir a clase de Educación Física, porque el profesor se niega a ello. “Y no es que los niños no tengan que hacer ejercicio, al contrario, se recomienda especialmente, pero el profesor debe tener una serie de conocimientos que muchos no quieren tener o no quieren asumir la responsabilidad”, señala un portavoz de la Fundación para la Diabetes. Lo mismo ocurre con las actividades extraescolares deportivas o las excursiones. Los expertos reconocen que la solución pasa por instaurar la enfermera escolar, figura que llevan demandado desde hace años pero que aún está sin regular. Sólo algunos colegios lo han dispuesto así y, normalmente, tras la lucha de determinados padres. “En Madrid, por ejemplo, se ha conseguido en aquellos centros con padres que han llegado incluso a escribir a la presidenta regional exponiéndola su caso… Sólo así lo han conseguido”, señalan desde esa fundación, volcada en la integración de los menores en la escuela.

Fuente: La Vanguardia

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