Conductas de riesgo en adolescentes con diabetes tipo 1

Las conductas de riesgo de los adolescentes con diabetes tipo1 (DM1) no difieren mucho de las practicadas por los jóvenes en general; pero las consecuencias para su salud pueden ser más perjudiciales, especialmente en el control de la glucemia.

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Se ha realizado un estudio en EEUU para conocer el impacto que tiene el alcohol, tabaco, drogas ilegales, la práctica sexual de riesgo y los trastornos alimentarios sobre el control metabólico en adolescentes con diabetes tipo 1. Aunque se necesitan más estudios al respecto, la frecuencia de estas conductas no difiere mucho de la practicada por jóvenes en general, pero las consecuencias en la salud de los jóvenes con diabetes tipo 1 pueden ser más perjudiciales.

La diabetes tipo 1 es una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia y cuyo pico de aparición es en la adolescencia. El control de la glucemia en la adolescencia es complejo, debido sobre todo, a los cambios psicológicos y psicosociales típicos de esta etapa: la resistencia a la insulina está relacionada con el impacto de las hormonas de la pubertad, los cambios de peso, pero también a la demanda de independencia en referencia a los padres.

Desafortunadamente, esta recién encontrada autonomía va ligada, a veces, a un empeoramiento del control metabólico y al inicio de conductas de riesgo que lo empeoran.

AlcoholID-10093518

Aunque el alcohol es ilegal antes de los 21 años en EEUU, el 73% de los estudiantes de la “high school” americana (preuniversitarios) manifiesta haberlo consumido y el 24%  comenta haber tomado 5 o más bebidas en una salida con los amigos. Los porcentajes, entre los jóvenes con diabetes tipo 1, son similares.

Un estudio realizado en adolescentes diabéticos (DM1) comprobó que, tras la ingesta de 9 bebidas en chicos y 6 bebidas en chicas, a lo largo de una salida que además incluye comida y baile, provocaba un aumento de su glucemia. En cambio, estudios realizados con adultos con diabetes tipo 1, demuestran un porcentaje mayor de hipoglucemias horas después del consumo de alcohol, además de la incapacidad de reconocer síntomas y posibles eventos graves.

El consumo de alcohol repercute sobre la glucemia y desestabiliza su control. 

Tabaco

ID-10054729La edad media a la que los jóvenes americanos empiezan a fumar es de 12 años. El 90% de fumadores adultos comenta haber comenzado a fumar durante la adolescencia. La prevalencia exacta de jóvenes con diabetes tipo 1 fumadores se desconoce, pero hay estudios que evidencian que el consumo de tabaco es igual o mayor en jóvenes con enfermedades crónicas que en los jóvenes en general.

Algunos de los jóvenes diabéticos entrevistados comentan haber recibido información por parte de sus equipos médicos de los daños que el tabaco provoca en su salud; pero, muchos otros, indican no haber sido informados.

Aparte de todos los daños que el tabaco provoca en la salud, en términos metabólicos podemos decir que los jóvenes con diabetes tipo 1 fumadores tienen los niveles de hemoglobina glicosilada (HbA1c) más altas que los no fumadores. En estudios realizados en adultos diabéticos y fumadores se ha visto que el tabaco está asociado con microalbuminuria (albúmina en orina), nefropatía(daño renal) y retinopatía diabética (complicación ocular asociada a la diabetes).

Consumo de drogas ilegales.

El consumo de drogas es menos frecuente que el de alcohol y tabaco entre los adolescentes, aunque el 9% de jóvenes entre 12 y 17 ID-10092394años declaran consumirlas, sobretodo la marihuana.

El porcentaje es inferior en jóvenes diabéticos durante la pubertad pero se iguala en la adolescencia. Parece haber un efecto inversamente proporcional entre consumo de drogas y control glucémicoaquellos que toman drogas, controlan mal su glucemia-, lo que puede provocar episodios de hipo o hiperglucemia. Aunque la marihuana no parece repercutir directamente en los niveles de azúcar, si que puede alterar el juicio e incrementar el apetito, con lo que el control glucémico no es correcto. Drogas como el éxtasis están asociadas con episodios de cetoacidosis (acidosis metabólica). 

Conductas sexuales de riesgo

La actividad sexual empieza con frecuencia en la adolescencia. Los jóvenes con diabetes mellitus 1 (DM1) pueden tener más riesgo de padecer enfermedades de transmisión sexual y embarazos no planificados. Un estudio realizado en jóvenes con diabetes (DM1) observó que sólo la mitad de los jóvenes sexualmente activos utilizaba preservativo o similares frente al 61 % de la población general. Las jóvenes con diabetes tipo 1 podían tener la creencia, a veces errónea, de que mantener relaciones sexuales sin protección estando mal controladas de su diabetes, podía dificultar el embarazo. Menos de la mitad de adolescentes comentan haber hablado sobre sexo y anticonceptivos con sus equipos médicos. 

Trastornos alimentarios

ID-10088486El 45 % de los estudiantes entrevistados cuentan haber intentado perder peso en algún momento de su vida, siendo este porcentaje más alto entre las chicas. La mayoría de ellas restringe su dieta: el 11%  utiliza el ayuno de 24 horas, el 5% toma pastillas para controlar el peso y el 4% mantiene hábitos purgativos induciendo el vómito o tomando laxantes para perder peso. En contraste con lo anteriormente descrito, estas conductas son más frecuentes en jóvenes con diabetes tipo 1 aumentando, en los últimos años, en un 2,4% el porcentaje comparado con los jóvenes sin diabetes. Particularmente es alarmante que para perder peso reduzcan u omitan dosis de insulina. Esta conducta, a corto plazo, provoca un desequilibrio en su control metabólico y la posibilidad de padecer cetoacidosis.  A largo plazo, las constantes omisiones de insulina pueden incrementar el riesgo de complicaciones microvasculares -como la retinopatía y la nefropatía- y, en definitiva, el riesgo de mortalidad.

Una vez identificados los riesgos, se ha de intentar buscar factores protectores

  • Recientes estudios sugieren que el inicio de estas conductas de riesgo se evidencia antes de la adolescencia. Un detector precoz es la impulsividad, observada incluso antes de los 3 años y más frecuente en niños con déficit de atención e hiperactividad.
  • Otro factor preventivo y protector, muy potente, es comer de forma regular en familia. Los adolescentes que cenan en familia de 5 a 7 veces por semana tienen menos probabilidades de fumar, tomar alcohol y drogas y de padecer trastornos alimentarios.
  • Asimismo se consideran factores protectores tener actividades extraescolares y querer iniciar una carrera universitaria.
  • El abordaje profesional es preferible que se haga de forma individual, para facilitar la comunicación y la veracidad de las respuestas. Ha demostrado ser un buen instrumento el cuestionario HEADSSS, inventario psicosocial.

La vida del adolescente es un fluir de emociones y cambios, mientras un día prometen abstenerse del alcohol, tabaco, drogas y sexo, al día siguiente pueden cambiar de parecer. Lo mejor que puede hacer la familia, educadores y el equipo médico es hablar y asesorar a estos jóvenes, de forma regular, sobre las conductas de riesgo, invirtiendo tiempo y esfuerzo desde edades tempranas. Hablar e incluso intervenir, si fuera necesario, puede reducir riesgos, evitar complicaciones médicas e incluso salvar sus vidas.

Bibliografía

Sarah S. Jaser, Healther Yates, Susan Dumser and Robin Whittemore. Risky Business: Risk Behaviors in Adolescents with Type 1 Diabetes. The Diabetes Educator 2011 37:756. http://tde.sagepub.com/content/37/6/756

Fuente: http://bitly.com/137U6xs

Imágenes:  http://www.freedigitalphotos.net

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