Los casos de enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa en menores de 18 años han aumentado un 200% en los últimos años

by duron123
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La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son dos enfermedades crónicas que se encuentran en continuo crecimiento. Aunque la mayor incidencia se da en adultos de entre 20 y 40 años, en menores de 18 años su diagnóstico ha aumentado un 200 por ciento en los últimos años.

   Así lo ha asegurado el especialista del Centro Médico-Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED) Fernando Luca de Tena con motivo del Día Europeo de ambas enfermedades inflamatorias intestinales, que se celebra el próximo 13 de mayo, recordando que con un diagnóstico muy temprano, cuando aparecen los primeros síntomas, el desarrollo de la enfermedad es “mucho más positivo y la calidad de vida de los pacientes no se ve tan afectada”.

   La enfermedad de Crohn se caracteriza por una inflamación crónica de cualquiera de las partes del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque generalmente las zonas más afectadas son el final del intestino delgado y el principio del intestino grueso. Por su parte, la colitis ulcerosa, también crónica, afecta a las paredes del intestino grueso y provoca unas pequeñas úlceras que son las causantes del dolor asociado a esta enfermedad.

   En ambos casos los síntomas se presentan en forma de brotes que pueden ser más o menos graves, siendo los más frecuentes diarrea, dolor abdominal, pérdida de peso y cansancio, sensación continua de querer hacer una deposición (tenesmo), fiebre y náuseas. Y en algunos casos requiere incluso hospitalizar a los pacientes para poder controlarlos.

   Pero gracias a la mejoría en las técnicas diagnósticas, los especialistas pueden identificar más rápidamente la enfermedad y empezar a tratar a los pacientes.

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   “Lo que está demostrado es que si al diagnóstico precoz le sumamos que las terapias de mantenimiento son realizadas correctamente por los pacientes, el número de brotes será menor además de disminuirse considerablemente la gravedad de los mismos”, asegura Luca de Tena.

 Algunas de las consecuencias de ambas enfermedades que también pueden ayudar al diagnóstico son la pérdida de peso y la anemia provocados por la menor ingestión de alimentos cuando se tiene dolor abdominal, problemas de asimilación de nutrientes y un mayor gasto calórico debido a que la inflamación es un proceso que consume mucha energía.

 Pero una vez controlada la enfermedad, este experto recomienda que estos pacientes lleven una dieta “lo más variada posible”, tomando alimentos ricos en proteínas, hierro y calcio.

 “Como no hay avales científicos que demuestren que los alimentos son los responsables de los brotes, a priori no se debe dejar de consumir ninguno de ellos”, ha advertido. No obstante, durante el periodo que dura un brote sí pide tener especial cuidado con la leche y la fibra, ya que ambos “aumentan los síntomas” y por tanto se debe limitar su consumo.

Fuente: http://bitly.com/1uTbox6

Imágenes: http://www.freedigitalphotos.net/

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